miércoles, enero 29, 2014

Ricardo Antin (1932 - 2014): la publicidad ya no es una fiesta / advertising is no longer a party


(1932 - 2014)

"La publicidad era una fiesta " es una autobiografía inédita de Ricardo Antin, mi querido padre, estoy diciendo "ya no es una fiesta " porque él murió el 2 de enero en Madrid, España.

En pocas palabras quiero hablar sobre la carrera profesional de mi padre, por supuesto que tengo una gran deuda con él , por los grandes valores que me enseñó, y, como mi madre, su adorable dedicación de abrir para mí el mundo maravilloso de la música, el cine, la literatura, y el interminable amor a todas las criaturas a nuestro alrededor, especialmente los gatos y los perros, pero eso es personal, un vínculo eterno con su alma.

Su primer trabajo estable en la publicidad fue en un verdadero lugar de vanguardia llamado Castignani y Burd Propaganda (1958 -1959), agencia que dejó atrás, con gran dolor, para estampar una marca imborrable en la historia de la publicidad en J. Walter Thompson (1959 -1970).

Los primeros pasos de Ricardo Antin en la publicidad fueron como redactor, pero esencialmente fue un ser humano creativo, poesía, teatro, novela, cuentos, con talento para escribir en cualquier campo, y tristemente sólo fue publicada parte de su poesía.

En J. Walter Thompson fue la llave para abrir un espacio a los trabajadores creativos, no sólo como las personas imaginando publicidad gráfica y televisiva, también para tomar decisiones importantes para la empresa, algo muy habitual hoy en día, absolutamente indignante para la "grandes jefes " en esos tiempos.

Uniendo fuerzas con su hermano , el cineasta Manuel Antin, dieron luz a una exitosa sociedad dedicada al cine publicitario (1971 - 1972).

Entonces, un largo camino, varias agencias de publicidad , hasta que fue el momento de crear la propia (1981 - 1983).

Pero él no estaba atrapado en el mundo de la publicidad, enamorado de la radio y la televisión, donde hizo varias obras asombrosas, como TVERDAD (1967), el primer programa periodístico en Argentina producido especialmente para la televisión, o " El Jazz y sus Parientes " (Inolvidable , FM Radio Rivadavia, 1987 - 1990), demostrando que su amor por la música no tenía límites, el mismo amor, suficientemente grande, para darle ideas para un espectáculo multimedia a finales de los años sesenta, "Los Ejecutivos También Tienen Alma", más tarde un hermoso disco de jazz, "Los Ejecutivos También Tienen Alma" (Alfa Records, 1969).

Télam (1984 - 1989) es otro hito en su carrera, gestionando la publicidad de todos los organismos y empresas del Estado, una gran experiencia, pero algo agridulce hacia el final , gracias a su honestidad fue, primero un obstáculo para el nuevo gobierno de 1989, y también una nube negra sobre las cabezas de muchas personas en el mundo de la publicidad, porque él se convierte en un desconocido para ellos después de haber dejado ese cargo.

"Los Hermosos Solitarios" (1993 ), revista cultural, es uno de sus últimos proyectos dedicados a los medios de comunicación, y su trabajo como Director de Prensa y Comunicaciones de la Fundación Cardiológica Argentina (2000 - 2001) un adiós a las posiciones importantes.

Después de su retiro, se enamoró de una Mac, de Apple, Quadra 605, gran herramienta para escribir y escribir, pero ninguna de sus novelas, cuentos, o muchas otras piezas de literatura de ese período se han publicado aún.

Bueno mis amigos, en pocas palabras, ese es un rápido vistazo a la impresionante carrera de mi padre, porque su profunda huella en esta tierra, está en mi alma, siempre y para siempre.

 


“La publicidad era una fiesta” (“Advertising was a party”) is an unpublished autobiography from Ricardo Antin, my dear father, and I’m saying “is no longer a party” because he died on January 2 in Madrid, Spain.

In a few words I want to talk about my father’s professional career, of course I’ve got a huge debt with him, for the high values he taught me, and, as my mother, his lovely dedication to open for me the wonderful world of music, movies, literature, and the endless love to all creatures around us, specially cats and dogs, but that’s personal, an eternal link with his soul.

His first steady job in advertising was in a truly avant garde place called Castignani y Burd Propaganda (1958 -1959 ), agency he left behind, with great pain, to stamp an indelible mark in advertising history on J. Walter Thompson (1959 -1970).

Ricardo Antin's first steps in advertising were as copywriter, but essentially he was a creative human being, poetry, theater, novels, short stories, with talent to write on any field, and sadly only part from his poetry was published.

At J. Walter Thompson he was the key to open a space for the creative workers, not only as the people imagining graphic and TV advertising, also to take important decisions for the company, something very usual today, absolutely outrageous for the “big bosses” on those times.

Joining forces with his brother, the filmmaker Manuel Antin, they gave birth to a successful society dedicated to film advertising (1971 - 1972).

Then, a long road, several advertising agencies, until it was the time to create his own (1981 - 1983).

But he wasn’t trapped in the advertising world, in love with radio and TV, where he made several amazing works, as TVERDAD (1967), the first journalistic show in Argentina produced especially for television, or “El Jazz y sus Parientes” (“The Jazz and its Relatives”, Inolvidable, FM Radio Rivadavia, 1987 - 1990), showing that his love for music was limitless, the same love, big enough, to give him ideas for a multimedia show by the end of the sixties, "Los ejecutivos también tienen alma" / "Executives Have a Soul Too", later a beautiful jazz album, "Los ejecutivos también tienen alma" / "Executives Have a Soul Too" (Alfa Records, 1969).

Télam (1984 - 1989) is another landmark in his career, managing the advertising from all the agencies and state enterprises, a great experience, but kind of bittersweet toward the end, thanks to his honesty was, first an obstacle for the new government from 1989, and also a dark cloud over the heads from many people in the advertising world, because he becomes a stranger to them after leaving that office.

“Los Hermosos Solitarios” (“The Beautiful Loners”, 1993), cultural magazine, is one of his last projects dedicated to the mass media, and his work as Press and Communications Director at the Argentine Heart Foundation (2000 - 2001) a farewell to important positions.

After his retirement he fell in love with a Mac from Apple, Quadra 605, great tool to write and write, but none from his novels, short stories, or many other literature pieces from that period were published yet.

Well my friends, in a few words that’s a fast glimpse on my father's impressive career, because his deep mark on this Earth, it's on my soul, always and forever.

Este artículo pertenece a euskir's txoko / This article belongs to euskir's txoko

miércoles, abril 02, 2008

Para Hermenegildo Sábat

Querido Menchi:

Cuando supe de tu condición de golpista, tuve varias reacciones. La primera, fue ir corriendo a descolgar el Troilo, el Rómulo Macció y mi propia caricatura, las tres obras, colgadas en el living. ¿Cómo podrían seguir allí?
La segunda, reprocharte que nunca me lo hayas contado.
Pero la noticia me hizo reflexionar sobre muchas cosas, por ejemplo, recordar tu casa vecina a la avenida Federico Lacroze, y por lo tanto, relativamente cercana a los cuarteles. Ahora veo a qué se debía esa llamativa proximidad.

Para ponerlo en términos más serios, me ofrezco como testigo para reafirmar que la única vinculación que habrás tenido con ese tipo de cosas, es posiblemente la de presenciar en su momento las películas El Golpe o El Golpe II. Y también, haber aplicado los nudillos sobre una puerta cerrada para conseguir pasar al interior.

Pero lo que puedo jurar nunca hiciste, fue darle un "golpe" a algún bolsillo ajeno - como muchos hacen - porque sé que también en tu caso, lo de los otros es sagrado.

Y lo dejo aquí, junto a un abrazo que también abarca a toda tu familia.

Ricardo


La caricatura, realizada por Hermenegildo Sábat, que ilustra este artículo, es "Lester Young" (Revista Sección Aurea, Buenos Aires, 1994).

domingo, marzo 16, 2008

Hace muchos años...

...vi por televisión a un grupo de personas, de piel más oscura que la mía, que tenían un cartel delante de sí que decía : Soy persona.
Hoy, cuando frente a mi casa, un señor buscaba en un contenedor algo que le sirviera, pensé: ¿este es el país que tiene en sus manos (¿manos o garras?) 50.000 millones de reserva?, ¿este es el país en el que según declaraciones el presidente aumentó sus ingresos de manera desmesurada, por, ¡¡¡¡ alquileres!!!!?
Sí, esto es lo que tenemos, y si hay personas que se sienten ofendidas por otras como este pobre argentino, deberían pensar que la vida que viven los coloca en el lugar de la basura. Si pueden, echen una mirada al mundo real, no al de los muchachos peronistas, que todos unidos triunfarán, nada más fácil. Pero, recuerden lo que ocurre en algunos sitios, cercanos a uno, a seres humanos que sólo tuvieron la mala suerte de nacer en el lugar equivocado, es decir, nacer pobres.
Para degeneraciones o abuso de drogas, no exageren chicos, que si pasean por la Zona Norte o similar, Sur u Oeste, los "olorcitos" que llegan de la “gente como uno” son sólo un poco más refinados.
Esto es sólo una reflexión acerca de "los de palabra fácil", que para denostar a los pobres tienen público. Pero recuerden a Bertold Brecht, que nos decía que alguien está golpeando a mi puerta, pero como yo no soy... Todos podemos ser, y como va la cosa, seremos.
Si no hay suficiente piedad en esta tierra, nada bueno nos espera..

Noemí Antin

miércoles, marzo 12, 2008

Chau Jorge Guinzburg

A Jorge lo conocí en 1976. El venía a reemplazarme en la agencia de publicidad que yo estaba dejando. Después, ignoro la razón, comenzamos a vernos con cierta frecuencia. Y la frecuencia se hizo mayor a medida que el tiempo transcurría. La relación pasó a nuestras familias, visitándonos en su casa y en la mía.
Nunca olvidaré aquellas tempranas mañanas en que participaba como invitado en su programa "En ayunas", que hacía junto al inolvidable Carlitos Abrevaya.
Allí todo lo improvisábamos en una suerte de micro-reportaje y yo llevaba discos, algunos francamente absurdos y pasados de moda. Pero nos divertíamos como en los tiempos del colegio secundario.
Muchas veces también almorzábamos juntos y él tenía momentos, o tal vez instantes de seriedad para contarme sus infinitos proyectos. Señalo que la mayoría los cumplió, aunque para hacerlo los haya cambiado por otros todavía mejores.
Ahora él acaba de tomar el misterioso tren, que a pesar de todo, debe estar causándole mucha gracia. Porque siendo de los que sabían vivir muy bien la vida, no me extrañaría que también fuera capaz de vivir muy bien su muerte. Esa que lamento tanto.
Chau Jorgito, nos estamos viendo.

lunes, marzo 10, 2008

Comentario sobre mi querida España

 "TODO ESTA COMO ERA ENTONCES"

La frase que titula esta nota pertenece al poeta argentino Olegario V. Andrade (1839/1882) me suena en estos momentos marcadamente cervantina. Entiendo que esta sensación pueda parecer caprichosa, y acaso, hasta influenciada por las circunstancias. No lo niego. Pero veremos porque me llega.
Indudablemente tiene que ver con las elecciones y con sus resultados.
En primer lugar, veo al señor Rajoy en los balcones de la calle Génova compartiendo los insultos no tan indirectos y variadas burlas que sus partidarios propinaron a Rodríguez Zapatero una ver terminado el escrutinio. Sin duda son sus buenos alumnos, los mismos que durante cuatro años le vieron insultar a sus adversarios sin respetar personas ni investiduras.
Sin duda NO le vieron hacer propuestas sensatas hasta poco más de un mes antes de la votación. Cuando no, a dedicarse a duplicar o triplicar absurdamente las propuestas del PSOE.
Tal vez de todo este lamentable cuadro me surja el "todo está como era entonces".
Lo que no se encuentra en igual situación es la nueva perspectiva que se abre y de las políticas del partido ganador - comenzando por las alianzas que forje - dependerá que España reafirme la evolución que viene desarrollando durante la última legislatura.
En otro orden, acaso me falte información, pero no he visto en ninguna parte la felicitación de la Casa Real dirigida a Zapatero. Es probable que allí hayan estado ocupados. Habrá que excusarlos.
Y como aclaración final, diré que aunque contra mi voluntad por impedimento generado por las circunstancias no viva en la Península, soy español.
Entre otras cosas, mi mayor anhelo, sería vivir y morir allí. Afortunadamente, mis
dos hijas disfrutan los aires españoles.
Pero lo más importante es que todos miremos hacia adelante para ver la llegada
de un nuevo tiempo que sin dudas será mejor.

Foto: Inma Mesa - PSOE

miércoles, marzo 05, 2008

El ejemplo de Messi

Prácticamente todas las actividades humanas están dominadas por dos fuerzas que suelen actuar en conjunto: el marketing y la publicidad. Esto no es casual. Sirve para que unos pocos ganen mucho dinero.
El deporte -o algo que se le parece mucho- no se ha visto eximido de la regla, y en el fútbol, por ejemplo, la ecuación se hace verdaderamente notoria.
Pero muy de tanto en tanto, observamos contrastes que parecen desvalorizar tanto empeño. Sirva como muestra lo ocurrido después de la jugada que originó la lesión de Leo Messi.
Este jovencito esforzado, venciendo hasta las dificultades originadas en su propio cuerpo, consiguió ser uno más que llegó, entre los miles y miles que a pesar de su empeño no llegarán nunca.
Debido a la desgracia sufrida -física y anímica- la televisión lo mostró llorando, con un llanto que expresaba no sólo dolor sino también frustración. Y no eran las lágrimas de un actor lanzadas en medio de su actuación en un drama. Eran lágrimas genuinas, de esas para las que el marketing y la publicidad no tienen nada que ofrecer. Ni siquiera un pañuelo.

Ante cualquier duda, consulte con su primo

Hace unas pocas semanas, Mariano Rajoy, candidato por el Partido Popular para las próximas elecciones españolas, se refirió en estilo socarrón a los inconveniente provocados por el cambio climático, comentando que ese era un tema que consultaría con su primo, aparentemente, verdadero conocedor del asunto. Además, se burló de los agoreros, agregando que ni siquiera los servicios de pronósticos meteorológicos eran confiables, ignorando u olvidando que en España funcionan de forma bastante precisa.
Pero tardó muy poco en cambiar de posición para intentar convertirse en un verdadero cruzado para dar batalla contra el calentamiento global y los cambios climáticos.
Si proyectamos criterios de tal amplitud y posiciones tan rápidamente cambiantes
-un pequeño botón de muestra- al manejo de su país como gobernante, las conclusiones no pueden ser calificadas sino como desconsoladoras.
Las encuestas, afortunadamente, no lo dan precisamente como ganador. Sólo queda el terror de que puedan equivocarse. Esperemos por el bien de todos: mujeres y hombres, pobres y ricos, enfermos y sanos, jóvenes y pensionados, desocupados y trabajadores, que eso no suceda. Y que resulten tan precisas como el maliciosamente descalificado servicio pronosticador español.

jueves, julio 19, 2007

Para Inodoro y Mendieta:

Para Inodoro y Mendieta:

Querido Mendieta, a ver si te dejás de aullar y decidís quedarte un poco más tranquilo.
Y vos, amigo Pereira, no pongas esa cara de inodoro porque no te queda tan bien como la tuya.
Ya sé que el patrón se fue, pero tienen que pensar que va a ser sólo un viajecito, y que después, aunque demore un tiempito, va a regresar para estar con todos nosotros y especialmente con ustedes. ¿O no recuerdan lo que Borges decía de de la Eternidad?
Muchachos, después de todo, con el amigo que los creó, no creo que sean tan burros, entre otras cosas, porque yo los quiero.
Por eso vamos a hacer fuerza para lo que pasó nos duela un poquito menos. Además, por todo lo que dije antes, la tarea nos va a durar sólo un ratito.

Ricardo Antin

Querido Negro:

Querido Negro:

Sin soñar con remedarte: Jodida, ¿ pero acostumbrada? A pensar que no estarás más acá, en esta tierra que tiene tan pocos referentes, ¿palabra un poco solemne para vos?, y tanto que has sembrado. Tu paso por la tierra ha dejado huellas tan profundas que hoy te diría que las lágrimas son tantas, que casi no alcanzan para mostrar el duelo. Y ya que eras generoso con las "malas palabras": Tanto hijo de puta caminado por acá y por allá y vos presente en mí, y mi familia, mis hijos y todos los hijos, que hoy estamos sintiéndonos tan huérfanos, porque no hay ningún Roberto Fontanarrosa que siga en este mundo. Y eso es lo malo. Pero creo que junto con Mendieta, y todos los que hemos sido "Tus Mendieta", jamás faltarás en nuestra memoria, por siempre será así. ¿ Acostumbrada? Jamás, queriéndote, donde quiera que estés.

Noemí Antin

lunes, julio 16, 2007

Especialmente para argentinos

A través de la radio, he escuchado a oyentes de diferentes programas expresando sus reacciones ante el resultado del partido Argentina / Brasil.
Las ha habido en todos los tonos: duramente críticos, psicológicos y hasta humorísticos. Pero ninguno de ellos lograba ocultar la decepción dominante.
Lo que me queda muy claro, es que los argentinos -como prácticamente todos los habitantes del mundo- cargan con un alto componente exitista, estimulado, aunque no haría falta, por las actitudes del periodismo. Ello quiere decir que lo único aceptable es triunfar, sea como sea.
Se olvida la vieja frase tan simple pero tan real y ecuánime: "los partidos se ganan y se pierden". Esto puede llevar en sí varios componentes, entre ellos, la suerte. Pero no ha sido el caso. El equipo argentino jugó ostensiblemente peor que en los partidos anteriores y con el equipo brasileño ocurrió exactamente al revés. Más allá de estados de ánimo, el resultado lo expresa claramente.
Por lo tanto, no me parece conveniente buscar responsables y sabiamente resignarse en el simple pero contundente "otra vez será".

miércoles, mayo 30, 2007

Sobre Ernesto Rilova

Hace unos días, por intermedio del artículo que publicó Gabriel Dreyfus en Adlatina, me enteré de la muerte de Ernesto Rilova.
Envié un e-mail, tanto a la revista como al autor de la nota, y me pareció oportuno compartir con los lectores del blog el contenido del mismo.

Me interesó sobremanera la nota sobre Ernesto Rilova. Pero por razones comprensibles, faltan algunos datos iniciales. Voy a proporcionarlos porque estuve vinculado a ellos.
Acaso les interese publicarlos porque surgen de mi libro de Memorias llamado "La Publicidad era una Fiesta".
Gracias.

Ricardo Antin
(Entre otras cosas, ex-director creativo de J.Walter Thompson).



En esa época ocurrió algo aparentemente casual pero que seguramente no lo era, porque muchas veces las casualidades son el resultado de la disposición, la voluntad y el entendimiento entre los hombres, y no una obra mágica dispuesta por un dios ignoto. El hecho no me tocó de manera directa ni me deparó ningún beneficio material, pero creo ser de esos tontos que también se maravillan y alegran ante cierto tipo de cosas. Por otra parte, y de eso se trata, siempre halaga nuestro orgullo -o si se prefiere nuestra vanidad- ser el descubridor de un talento.
Estos son los hechos. Un día, tímidamente se acercó a mi oficina un joven que trabajaba en la Contaduría de la agencia. Sencillamente deseaba mi intervención para lograr que lo transfirieran al Departamento Creativo ya que deseaba convertirse en Redactor.
Todavía Thompson conservaba mucho de su viejo estilo y esa clase de pases no eran nada fáciles -ignoro si ahora lo son aunque lo dudo un poco, allí o en cualquier otra parte- y así se lo comenté al interesado. La conversación terminó sin comprometerme en absoluto ya que aunque me hubiese gustado no podía hacerlo. Pero antes que nada, quería saber si los deseos del postulante eran reales o si sencillamente se trataba de un devaneo momentáneo.
Me alegró que a los pocos días volviera al ataque aportando nuevos argumentos que hacían visible su decisión y su entusiasmo, además, me mostró algunos trabajos que había hecho por su cuenta. No me parecieron sobrecogedores, pero debía admitir que se trataba de un principiante sin la menor experiencia. Entonces me recordé a mí mismo, a mi verdadera desesperación por ingresar en la actividad y a mi telegrama de diez años antes. Eso me terminó de decidir y le prometí hacer cuanto estuviera a mi alcance para conseguir su transferencia. No fue nada fácil. Por eso primero debí conseguir la aprobación del Tesorero de la agencia -responsable máximo de su área -llevó varias charlas- y posteriormente la de Jack Webster como Gerente General. Esta última me costó menos de lo esperado porque Jack había comenzado en la agencia como empleado administrativo. Posiblemente le halagó que en cierto sentido su propia historia se repitiera y que yo encontrara méritos creativos en alguien de su mismo origen.
Como siempre ocurre comenzaron a correr los días, y el novato Redactor casi presa de un verdadero frenesí, comenzó a insistir para que se le concedieran tareas de mayor mérito. Hasta entonces sólo había intervenido en una campaña para la filial Thompson de Uruguay y en otra serie de cosas menores. Comprendí sus anhelos pero de momento no podía hacer demasiado y le aconsejé tener paciencia y esperar un poco. Seguramente tuvo el buen tino de no hacerme caso y transcurridas algunas semanas me anunció que se iba a trabajar a De Luca.
Más que sorprenderme la novedad me complació enormemente. Entonces me ocupé de desearle la mejor de las suertes, y sólo lo vi en dos o tres ocasiones en forma circunstancial cuando ya llevaba una densa barba.
Pasaron muchos años, aproximadamente veinte, y me alegró reencontrar a Ernesto Rilova -ese era y es su nombre y apellido- en las coquetas oficinas de su propia agencia durante un viaje a Madrid en 1991, convertido según la opinión de los entendidos locales en uno de los tres creativos más importantes de España, país al que se había dirigido en 1976 creo que en compañía de Marcelo Montes, el que después sería Presidente de Saatchi y Saatchi en la península, y quién tuvo la gentileza de recibirme en su despacho durante ese mismo viaje. (Conviene aclarar que en esa ocasión hablamos bastante de mi hija Estela, que por entonces era redactora en esa misma agencia.)
Sin otro mérito que el de lo hecho, me cabe el orgullo de haberle abierto a Don Rilova la primera puerta que enfrentó su sana ambición. Afortunadamente, él tuvo la capacidad para abrirse todas las siguientes. Espero y deseo que sus éxitos continúen y perduren en el tiempo. Su inteligencia se lo merece.

Agregado de último momento después de leer la nota de Adlatina.

La muerte de Rilova no me cayó nada bien, algo que es común a casi todas las muertes. En este caso agregaré que por su talento y su carrera, la vida debería haberle concedido un poco más de tiempo.
Chau Rilova, y donde quiera estés, espero hagas la misma carrera que sobre este mundo.

martes, mayo 22, 2007

Mensaje especialmente concebido para los españoles

Continuando con la política destructiva que caracteriza al PP, el señor Aznar ha lanzado una serie de afirmaciones apocalípticas como por ejemplo, que el actual gobierno está llevando a España a una situación similar a la que condujo a la Guerra Civil. A él no parecen interesarle las mejoras económicas y sociales concretadas durante la gestión de Rodríguez Zapatero. Sólo intenta, como sus colegas Rajoy, Zaplana y Acebes, enarbolar la dudosa bandera "O nosotros o nadie".
También parece olvidar que su partido, cargado de resabios franquistas, fue engendrado entre otros, pero casi principalmente, por el ex-ministro franquista Fraga Iribarne, por muchos conocido como "el fusilador".
El hombre que llevó a España a la invasión de Irak, no evidencia reparar en la pérdida de popularidad de sus amigos, cosa de la que las próximas elecciones dejarán más de una evidencia.
Pero lamentablemente, la percepción, la inteligencia y una concepción positiva de las cosas, no se compra en los mercados.
Seguramente por eso, en general, el mundo está como está.

miércoles, febrero 28, 2007

Reflexiones sobre la entrega de los Oscar

Suele afirmarse que todas las cosas tienen una explicación. Esto no obliga a asumir una actitud maníaca deteniéndose en cada una de ellas para buscarla, pero en ocasiones, esta por ejemplo, es para mí casi imprescindible. Y trataré de hacerlo con la mayor brevedad posible.

Nunca había visto completo el espectáculo, pero el domingo 25 de febrero me senté junto a mi mujer y a mi hijo, dispuesto a presenciar al menos un fragmento de la entrega de los Oscar. Las falencias iniciales me llevaron a permanecer frente al televisor, después de pensar que eso no podía ser así, y que en algún momento las cosas mejorarían. Pero los minutos comenzaron a transcurrir y nada de eso pasó hasta que afortunadamente llegó el final. Para ser mejor comprendido haré un breve resumen de mis impresiones.

La presentadora, no recuerdo su nombre, era forzadamente simpática y respondía a un guión intolerable plagado de chistes sin gracia, chistes que inexplicablemente el público presente festejaba como si hubieran sido escritos por una sociedad integrada por Woody Allen y Groucho Marx. (Los menciono sólo a modo de referencia.) Seguramente ellos -el público- disponía de un libreto en el que estaba indicado reír y reír hasta el agotamiento.

Los números musicales también resultaron lamentables. Cantantes mediocres
con una sirena en lugar de cuerdas vocales convirtiendo el aire en una retahíla de truenos agudos. (¿Es que en Hollywood ya no quedan cantantes? Bueno, creo que no. Bennett, Sinatra, Como, Vaughan, Fitzgerald -para citar sólo a algunos, están muertos u olvidados, hasta como referencia.)
Siguiendo con la música. La orquesta de otros años -aquella que tampoco era la Sinfónica de Berlín, pero bueno- también había desaparecido. Había otra. ¿Pero había otra?)
Sí, existía un grupo que emitía sonidos, si a ese ruido se le puede llamar sonidos.

Tuvimos la presencia de un pilar como Ennio Morricone cuyos oídos debieron soportar el castigo infringido por Celine Dion con su voz plañidera, acuosa y monótona interpretando una de sus canciones. Es obvio que el señor Morricone, autor de la gloriosa música de "Cinema Paradiso", es además un verdadero intelectual, pero olvidaron llevarle un traductor y de eso tuvo que ocuparse Clint Eastwood con lo mejor de su buena voluntad. Me pareció una descortesía de parte de los organizadores.
Y ni hablemos de los cómicos que desfilaron con sus "afinadas gracias" para generar una alegría imposible.

Tampoco mencionemos a las evocaciones de artistas y films del pasado, hechas a toda velocidad como diciendo "esto es historia antigua, quedémonos con lo bueno que es lo que viene ahora".

Y llegamos a las películas y a los "galardonados". Creo que si exceptuamos a Helen Mirren, casi todos los restantes premiados merecerían una temporada en Alcatraz, suponiendo que decidieran volver a habilitarla.
En cuanto a las películas en sí, para referirse a ellas no existe otra cosa que la piedad del silencio. Probablemente se salve "El laberinto del Fauno" que curiosamente es una coproducción mejicana-española. Y poco, muy poco más.

Es llamativo que un país tan poderoso como Estados Unidos y su capital del llamado Séptimo Arte -Hollywood- hayan podido estructurar un espectáculo así.
¿A qué puede deberse que supuestamente contando con los más avanzados medios económicos y técnicos, con los mejores guionistas, con los mejores actores que ganan millones de dólares, se hayan armado tres horas de una horrorosa visión como la presentada?

Aquí volvemos al principio, es decir, a la explicación. Y la explicación se resume en una sola palabra DECADENCIA. Una decadencia que impide buscar nuevos caminos, separar la paja del trigo, tener el valor de intentar caminos inexplorados.
Lo peor que todos estos señores frustrados son también prácticamente los dueños del cine mundial como de tantas otras cosas. Y nosotros, bueno, desde ahora no yo, los mansos espectadores que pagamos nuestras entradas para ver automóviles que vuelan por el aire, casas que se incendian, gansters malísimos cuidadosamente estereotipados en base a películas que tienen más de cuarenta años y estúpidas comedias de contenido supuestamente erótico.

Desgraciadamente, aunque estos "creadores" me contradigan, el cine es una expresión cultural, y la cultura, desgraciadamente lo sabemos, no se compra en los supermercados ni está contenida en las grasosas hamburguesas.

domingo, enero 28, 2007

El viaje a Deba

(Como cualquier otro relato, este puede ser leído por cualquier
persona. Pero es muy probable que los descendientes de vascos
-y muy especialmente quienes viven en Euskadi - le encuentren
un sentido especial. Aunque como ya dije es para todos, a ellos les
va dedicado muy especialmente.)

El viaje a Deba

1

Cuando llueve torrencialmente sobre una ciudad marítima, el agua cae con una potencia que es desconocida en las urbes mediterráneas. Me complace fantasear pensando que las nubes, envidiosas del vigor de las olas, quieren imitarlas lanzando su carga con esa fuerza irresistible. Esta competencia de los elementos se acentúa cuando el mar es tan bravío como el Cantábrico, que no cesa de exhibir su incansable fiereza para estimular los alcances de tan singular rivalidad. Jugaba con la idea al alejarme de la costanera, cuando se reiteraba el enfrentamiento y la lluvia dejaba caer su intenso telón a mis espaldas, pretendiendo aunque más no fuera por unas pocas horas, privar a la ciudad de su paisaje predilecto. Antes de despedirme del espectáculo, pude ver cómo el mar intentaba una última jugada riesgosa sobre el tapete de la arena. Atenuada su encrespada ferocidad por los brazos afectuosos de la bahía, las aguas serían absorbidas sin contemplaciones y la poca que quedara a salvo tendría que esperar la revancha en un próximo día, como hacen los jugadores empedernidos.
Había pasado largas horas apoyado en la blanca baranda enrejada, mirando alternativa- mente los contornos de la Isla de Santa Clara, que un poco a mi izquierda parecía flotar con su base aferrada a un ancla gigantesco; y el medio perfil del Monte Urgull, en exacta línea recta con respecto a mi posición.
Aunque provenía de otro país, esas expresiones de la geografía de San Sebastián me parecían extremadamente familiares, pero eso no hacía más que corroborar mis inquietudes. Había llegado hasta allí para rastrear las precisiones de un pasado desconocido, y ese primer día, imaginé que alguna revelación o al menos una indicación mínima llegaría navegando en el acompasado ritmo de las olas. Al obligarme a dejar la costa, la tormenta acababa de frustrar mi equivocado propósito, porque sólo los poetas son capaces de captar los mensajes del mar, de las caracolas y de sus habitantes más secretos. Probablemente mi búsqueda estuviera motivada por las desesperantes frustraciones de los últimos meses. Pero más que eso, aparecía una comprobación a la que no titubearé en calificar como sobrenatural: había dejado de ser yo para convertirme en otro, y aunque la transformación no era permanente ya que había cierta alternancia en los roles, el pasado que pretendía hurgar pertenecía a la persona cuya identidad tomaba a ratos. Oponía a mi descubrimiento y a las innumerables lucubraciones que emanaban de él, toda la tenacidad de mi inteligencia. Pero no era suficiente, porque resultaba innegable que la transmutación se había efectuado y actuaba sobre mí como si me hubiera sojuzgado, a tal punto, que había conseguido que yo estuviera allí. Esto tal vez era lo más razonable de todo, ya que ese viaje aparecía como la única manera de explicarme las causas de lo que estaba sucediendo. Pero cuales- quiera fueran los recursos a que echaba mano, estaba en la incómoda posición de ser al mismo tiempo testigo y protagonista, ignorando cómo y porqué a ratos era uno y a ratos otro.
Llegué hasta la calle San Martín cuando se encuentra con Manterola y doblé a la izquierda. En verdad no tenía un rumbo preestablecido y me sentía un duende que responde a designios misteriosos en los que no tiene ninguna posibilidad de influir, y mucho menos de modificar. Ya tardecía, con esa disposición prematura que el invierno impone a la duración de cada día, y aunque todavía no habían dado las seis de la tarde, el calendario obligaba a la oscuridad a hacerse cargo de la escena. El proceso que había iniciado más temprano en la bahía comenzaba a fermentar en mi cabeza. Lo presentí al descubrirme explorando perdidas memorias de mi infancia, pero nada estaba tan absolutamente definido como para determinar si se trataba de mi infancia o la de otro. Alguna pista ante esta duda la daba al verme con pantalones demasiado largos para ser cortos y demasiado cortos para ser largos. También lo hacía la imagen de ese recuerdo infantil, donde en mi cabeza aparecía un gorro de marinero con una cinta azul. Era moda para niños de fines del siglo pasado, cuando yo todavía no había nacido. Seguramente, la calle no era el lugar más apropiado para encontrarme con las siluetas de un tiempo que no me pertenecía. Pero también es cierto, que ese mismo tiempo no reconoce lugar ni oportunidad para presentarse -en eso, es tan desconsiderado e impuntual como la muerte- y cuando lo hace, nos puede regalar paraísos de belleza, y paralelamente o antes o después, imágenes tan horribles que sería preferible no ver. Pero estaba allí, y era difícil, además de tarde, evitar el desafío de lo que deliberadamente había ido a buscar. Al fin era yo, o mejor dicho, el otro, o tal vez los dos, comenzando a observar lo que había ocurrido. Para bien o para mal, se veía todo tan nítido como sólo suele mostrarlo la inefable crudeza de la realidad. Allí estaba yo en esa casa desconocida, cuando apenas tenía cuatro años. Mi madre moría junto a un médico de lúgubre chistera, y después, también yo, escalando los montes cercanos y oliendo las encinas, los robles y los castaños, corriendo, corriendo, para escapar de aquel dolor insoportable. Un poco más tranquilo, me detuvo el relieve de los pinos interminables, más allá de mi pueblo, y el mar cercano se abrió como un oído propicio para escuchar mi sufrimiento. Me rescataron de esas angustias las cariñosas figuras de mis abuelos, para introducirme en una educación cargada de afectos. Ellos animaron a mi timidez para colocarme en el centro de los días de fiesta y celebración, haciendo que entre los colores de su música, descansara la constancia del estudio tenaz y juicioso. Entre sus infinitas ternuras también transcurrió mi adolescencia, hasta que otra vez vino una noche la muerte para convocarlos a su territorio silencioso. Todo comenzó a perder sentido, y mucho más, cuando mi padre dispuso que viajara a una gran ciudad para completar mis estudios. Sentí que mi vida apenas sostenida por un manojo de recuerdos se quebraba en dos. Atrás quedaba un tiempo milagroso animado por gente y paisajes que tenían las misma textura, la misma dureza metálica y el alma idéntica de delicada espuma. No tuvo que apresurarse el calendario para que fuerzas inesperadas acentuaran aquellos sentimientos y terminaran con mi mundo, cuando me colocaron en el enorme barco en que navegaría hacia América. Entonces me despedí de los bosques y de los ríos, de los peces transparentes y de las mareas formidables. Soñaba con que esa fuera una separación transitoria pero acabó por convertirse en definitiva. (Cuando percibí que la voz iba tomando el tono de una larga confidencia, descubrí que no era la mía, aunque continué escuchándola con atención.)
-Llegué al otro lado del Atlántico -adonde naciste- y conocí los quebrachales y los caminos tan duros como ellos, y conocí amor de mujer, y lo más maravilloso de todo, conocí una nueva familia.
¿Quién me hablaba? Volvía a ser yo cuando mi pregunta se erguía valerosa al advertir que alternativamente, éramos dos los que nos expresábamos, que en ese instante era yo pero que poco después, volvería a ser el otro destejiendo un relato que me parecía haber escuchado alguna vez.
-Después vinieron años difíciles con su acumulación de desencantos y de supuestos amigos con memoria de algodón.
-Ay Papá, si hubieras vuelto a España llevándome contigo.- Me escuché decir en voz alta.
No pude ver su cara porque su cara estaba dentro de mí, pero sabía que me miraba con una tristeza que jamás había imaginado en sus ojos. Entonces buscando la lógica de un consuelo, agregué:
-Sí, ya sé, estaba la guerra.
La respuesta llegó desde la voz amortiguada, pero tan nítida como si quién hablara estuviera a mi lado.
-Y también ustedes, mis hijos. Era imposible regresar con todos. Aunque hubiera sido maravilloso, ¿no es verdad?
“Pobre vasco que quiso olvidar sus sueños”, pensé pretendiendo que en medio de aquella milagrosa simbiosis, no me había escuchado. Pero lo había hecho.
-¿Y quién te ha dicho que los he olvidado? Todavía caminan por la Alameda, están en la tienda de Arriola, en la Plaza seca cerca de la iglesia donde me bautizaron, en la vieja estación del ferrocarril.
La voz y la calle quedaron en silencio. Todo había sucedido, si es que había sucedido, en el escaso recorrido de media cuadra. Seguí adelante y al pisar la esquina que enfrentaba la plaza Zaragoza, descubrí el Juan Sebastián Bar, un rincón empeñado en ser moderno sin desentonar con el delicioso estilo art noveau de la ciudad. Allí me reanimaron rápidamente el ambiente tibio, un café muy cargado, una copa de Osborne, pero más que nada, contemplar a una hermosa muchacha rubia de ojos celestes, que compartía la mesa vecina y una tetera con su amiga tan bonita como ella. Estaban muy próximas y resultaba imposible no escucharlas. Eso me permitió saber que con juvenil entusiasmo daban los últimos retoques al plan de excursión del día siguiente, que afortunadamente para ellas, sería domingo. Así me enteré que pensaban visitar Deba, distante sólo cuarenta kilómetros. El nombre de ese pueblo debió haber sacudido algún anaquel polvoriento de mi memoria, porque luego de pedirles disculpas por mi intromisión, les requerí información sobre su punto de destino.
Considerándome un turista -al cabo lo era- mi curiosidad no les llamó la atención, y amablemente me contaron que se trataba de un pequeño pueblo marítimo muy tranquilo, aunque aclarando con rigor propio de experimentado cicerone que no era demasiado diferente a cualquier otro de Guipúzcoa. Sin embargo destacaron que tenía una hermosa iglesia -creían que del siglo XVI- buenos lugares para comer y una playa serena, observación esta última que les hizo reír con candor, cuando cayeron en cuenta que una playa en pleno invierno no constituía un atractivo demasiado especial.
-Pero puede usted caminar por la arena y mirar el mar, si le apetece, claro.- Dijo una de ellas tratando de enmendarse.
Queriendo corresponder a su delicadeza le respondí que el mar era uno de mis espectáculos favoritos. Luego nos despedimos con simpatía y volví a la calle. La lluvia densa se había convertido en una tenue llovizna. Hubiera podido abordar un taxi pero preferí caminar. El hotel estaba cerca y el agua me recorría la cara como una tenue caricia.

2

Descendí del autobús poco después de la arcada que señala la entrada del pueblo. Más allá, el Hotel Miramar cerraba sus ventanales al viento, y una breve escalera de granito conducía hasta la arena. La mañana pretendía evaporar las nubes y convertirse en una claraboya luminosa, pero el mar mostraba espasmódicos movimientos de intranquilidad, acaso descontento por la repetición de una suerte adversa. Comencé a acercarme a la orilla entre las huellas de la marea nocturna y dejé que mi vista volara, primero hacia los montes que se asomaban como si fueran una plataforma, y después, hasta el horizonte lejano. Nombres y lugares recorrían mi cabeza como pájaros desorientados que han perdido el rumbo, y tratan desordenadamente de recuperarlo. A mí me había ocurrido lo mismo buscando definir exactamente quién era, pero en ese momento estaba seguro de haber llegado a destino. La confusión había terminado -o estaba muy próxima a hacerlo- porque ese era el pueblo y yo estaba allí. Posiblemente había llegado el momento de comprenderlo todo, pero resultaba riesgoso sentirse victorioso. La voz depositada en mi interior había callado, dejándome la incierta sensación de estar solo y desprotegido, pero el paisaje se empeñaba en mostrarse amigable tomando a cada instante mayor relieve, como lo hace una fotografía al revelarse, cuando los ácidos comienzan a definir la imagen, primero tímidamente, pero insistiendo en su empeño hasta tornarla definitiva. Por eso empecé a sentir que si bien era la primera vez que estaba allí, en realidad nada se presentaba como absolutamente nuevo. Terminó por parecerme que había regresado a una playa adonde había estado el día anterior, y el anterior, y el anterior, a lo largo de toda mi vida. Como si empuñara un bisturí, me hundí en la parte más recóndita de mi propio ser, pretendiendo que el otro emergiera y apartara las dudas y los temores que subsistían. Pero sólo respondió el silencio, de inmediato destruido por el rumor del viento que crecía vaticinando una nueva tormenta. Debo haber pasado mucho tiempo redoblando el intento, hasta que mi desesperación -o tal vez mi angustia- hizo estallar una forma de furia, ignorada hasta entonces. Fue cuando grité, grité como si la soledad, la injusticia, el olvido, la desaprensión, la maldad y la ingratitud que me habían venido persiguiendo, huyeran de mis pulmones con el prodigio de aquel grito.
-¿Adónde estás? ¿No somos dos acaso?
Nadie me contestó, pero sentí la presencia de una compañía. Miré toda la playa que permanecía tan solitaria como a mi llegada, pero alguien estaba allí. Sí, lo confirmé cuando sentí en mi brazo derecho un calor afectuoso, como si lo oprimieran con cariñosa firmeza. Recién entonces percibí que la ansiada voz reaparecía, pero lo hacía cada vez más lejos, y cada vez más lejos a medida que hablaba.
-Estás solo o puedes creer que estás solo, pero esta es Deba, tu patria. Y aunque dejes de escucharme, porque seguramente dejarás de escucharme muy pronto, nunca te quedarás sin mi compañía. Y estaré a tu lado aunque no me veas ni me oigas, porque tampoco es bueno para ti que alguna de las dos cosas ocurra. Y por último hijo, desde hoy serás tú y yo seré en tu mente y en tu corazón la memoria de tu padre. Te confieso que no me parece poco, es más, visto desde donde yo lo veo, es como un premio, más que un premio. Pero recuerda, serás sólo tú, y lo que seas capaz de hacer sin la ayuda de nadie.


Las dos muchachas habían colmado su modesto deseo de distancias cuando llegaron a la arcada, allí, en la entrada de Deba. Ellas descubrieron al viajero con el que habían conversado en el bar la noche anterior, sorprendiéndolo en el preciso momento en que comenzaba a alejarse de la orilla. Después, les pareció comprobar que con el mismo dominio de la situación que si fuera un habitante más del lugar, se encaminaba hacia el interior del pueblo. Pero lo que más llamó su atención, fue descubrir que junto al desconocido marchaba un anciano cuyo perfil de la vieja boina, era el dibujo más clásico y perfecto que se podía hacer de su raza. El anciano, muy anciano, todavía lo llevaba tomado del brazo derecho, cuando se perdieron por la senda de la Alameda.

lunes, diciembre 11, 2006

Sensibilidad legal

En la ciudad de Coronda, un juez redujo de $ 57.000 a $ 8.000 la indemnización fijada para un joven muerto en un accidente. Pero lo ¡increíble! es la fundamentación de la decisión. Dice así: “sus sueños de progreso carecían de chances sociales pues la realidad los había convertido en utopía”. La opinión del juez parece impregnada de un sentido profundamente democrático, y a la vez, respaldada en que todos somos iguales ante la ley, por supuesto, si aceptamos que algunos son más iguales que otros.

El Riachuelo

Desde niño, El Riachuelo que separa el Barrio de Barracas de la Ciudad de Avellaneda, me pareció la porquería más maloliente y hermosa frente a la que se habían detenido mis sentidos.
Lo vi por primera vez cruzando en el tranvía 21 sobre el viejo Puente Pueyrredón, ocasión durante la que un irónico pasajero le lanzó un grito que debería haber sido premonitorio: ¡Qué perfumen las aguas!
Pero pasaron sesenta años y todo siguió igual: las aguas sin recibir su merecida loción, los barcos oxidados semihundidos, y lo que es peor, los vecinos sumergidos en el aire insalubre que allí las empresas que derivan sus desperdicios a las aguas sabían y saben fabricar como nadie.
Hubo promesas de saneamiento y fueron igual que tantas otras promesas destinadas a prometernos el Paraíso. Pero el Paraíso, o algo que pretendía parecérsele, quedaba mucho más al norte, allí donde la gente tenía el sentido del olfato mucho más refinado, porque los pobres, es sabido, carecen de nariz.

lunes, noviembre 27, 2006

Referido a los cazadores

Matar por es en sí mismo un acto cruel propio de un salvaje. Mucho peor todavía si la acción se encara dándole visos de pretendido deporte, como un recurso para jerarquizar la cuestión o para esconderla al juicio de los demás. Las dos cosas me producen una incontenible repugnancia. Y esta calificación alcanza por igual a los cazadores furtivos y a los cazadores a secas. En el fondo, las dos categorías -de alguna forma debo llamarlas- son exactamente lo mismo.
La vida en general -no sólo la de los animales- está ya bastante amenazada desde
diversos ángulos, y todo viene a demostrar que si no se toman las debidas previsiones
-las mismas que hasta ahora los principales países del planeta han evitado cuando no
obstaculizado- el desastre se apresurará dramáticamente alcanzando a todo el planeta.
Digo todo esto convencido de representar una nueva voz en el desierto.

jueves, octubre 26, 2006

El nuevo Muro

Recuerdo que durante muchos años, el Muro de Berlín, ya desaparecido, fue vilipendiado por casi todo Occidente, de manera muy especial -era de esperarse- por los Estados Unidos.
Esto no quiere decir que la instalación del Muro haya sido una gran idea.
Ahora, los mismos Estados Unidos bajo la sagaz presidencia de George Bush,
se proponen levantar un muro de 1.100 kms. en la frontera con Méjico, para contribuir
a desalentar la entrada ilegal de inmigrantes.
Esta noticia ha coincidido con una verdaderamente trágica, llegada desde España,
que también tiene que ver con muros. Debido a las tormentas que azotaron la península,
cayó un muro edificado por unos vecinos sobre el patio de una finca ocupada por una señora y su familia. La señora se encontraba desagotando el patio inundado, y la mala
fortuna -o los errores de construcción del muro- hicieron que se derrumbara y cayera
sobre la pobre mujer causándole la muerte.
Esperemos que con el muro de USA no ocurra lo mismo. Y recurriendo aunque
sea de mala gana a un poco al humor negro, -juro que no es una expresión de deseos- hagamos una predicción relacionada con un probable derrumbe, para determinar sobre quién caerá simbólicamente si el desastre se produjera.

sábado, octubre 21, 2006

“Volvió una noche”

“Volvió una noche”

Pero de él, la ciudad mucho sabe y conserva.
Su lágrima más rica,
Su daño que hirió de pronto
La escondida jactancia, el desapego silencioso
Con que las voces que callan juntas
Alrededor de sillas humeantes y amaneceres
Acostumbran a comunicarse afectos.
Y acaso por ser yo de esos
Me cohíbe repetir el nombre,
Atarme a la vil nostalgia temporal
De reclamarlo.

Alberto Girri


El Bocha -como le decían todos en el barrio- vivía con su madre en la vieja casona de la otra cuadra. El muchacho tenía sólo veinticinco años y estaba recorriendo las últimas materias de Arquitectura, una carrera universitaria iniciada tardíamente. La prematura muerte de su padre tres años atrás, había sido la causa de la postergación de sus proyectos como estudiante.
La señora Alcira bordeaba los sesenta, pero a pesar de su aspecto cuidado mostraba un posiblemente involuntario envejecimiento precoz. Aunque ella no lo decía, tenía aceptado que las tristezas y cierta clase de soledad, son más crueles que el veloz andar de los calendarios.
Madre e hijo tenían una relación cordial y afectuosa, pero como es natural, eso para ninguno de los dos era suficiente. En un sentido material, vivían sin lujos pero también sin apremios, porque Don Jorge les había dejado un pequeño capital y una pensión relativamente alta.
Aunque yo pienso que se pueden tener a cualquier edad eso que suele llamarse manías, a medida que transcurre el tiempo las personas mayores parecen adjudicarse el privilegio de coleccionarlas como si fueran piedras preciosas y extravagantes. Son esas modalidades a las que con cierta mezcla de ironía y consideración denominamos cosas de viejos.
Doña Alcira tenía las suyas, y entre ellas, se destacaba su insistente preocupación porque la puerta de las rejas que separaban el pequeño jardín de la acera, permaneciera permanentemente cerrada, al menos desde la hora del atardecer. Y como transcurría el invierno, antes de las seis de la tarde la oscuridad cubría las calles y las casas como una manta apresurada como si quisiera estimular un sueño prematuro. El tema era constante motivo de discusiones con su hijo, la únicas que solían tener, porque él sostenía que ese era el barrio más tranquilo y más seguro de la ciudad, tal vez del mundo. Y era verdad. A pesar de los frecuentes asaltos, secuestros y robos que se repetían con insistencia en otras zonas, allí no se recordaba más que alguna escaramuza ligera que los vecinos ya casi tenían diluida en el olvido.
Ese día, para evitar el repetido y fatigoso cambio de opiniones sobre el tema, el Bocha se apresuró, y apenas pasadas las cinco y media, cruzó el minúsculo jardín y llave en mano se preparó para cerrar lo que irónicamente solía calificar como la bendita puerta. Estaba haciéndolo cuando caminando con seguridad pero sin apremio, pasó frente a la casa un hombre. El Bocha tenía el mérito de la observación, y a pesar de lo fugaz del momento apenas iluminado por una luz que decrecía, reparó en dos cosas: el elegante sobretodo que vestía el transeúnte y que llevara sombrero -algo totalmente fuera de uso- pero además, un sombrero que le pareció corresponder a una moda definitivamente antigua. Pero eso no fue todo. Al pasar, el hombre giró la cabeza y lo miró para cantarle más que decirle un “buenas tardes” extendido, acentuado con una sonrisa que no parecía recién creada. Sencillamente, el Bocha pensó que la traía colocada en los labios desde que había salido a recorrer las calles, y hasta todavía, desde el día de su nacimiento.
El hombre continuó su camino hasta perderse en la oscuridad y en la tenue llovizna que comenzaba a cubrir la acera. El muchacho, cumplida su misión, retiró la llave y retornó a la casa dominado por un único pensamiento: ¿Adónde había visto aquel rostro que le resultaba tan familiar? Cuando atravesó la puerta la voz de su madre lo recibió con la pregunta inevitable.
-¿Ya cerraste Bocha?
-Si mamá, quedate tranquila que está todo bien.
-Gracias hijo.
Mientras Doña Alcira continuaba en la cocina preparando la cena, tarea que para ella todos los días parecía la víspera de una celebración, el Bocha subió las escaleras y se dirigió a su cuarto. Allí, le esperaban los libros que había dejado abiertos y se propuso continuar estudiando. Pero apenas había posado los ojos sobre el papel cuando el rostro del hombre que había visto poco antes, volvió a su mente cargado de intensidad. Entonces levantó la vista y se dijo en voz alta:
-Estoy seguro de que era él, pero... ¡no puede ser!
Su exclamación y la idea que la provocaba, le parecieron tan absurdas que trató de desvanecerlas, volviendo trabajosamente a los libros que tenía frente a sí. Acabó concentrándose en lo que leía y comenzó a tomar algunos apuntes. Haciéndolo transcurrieron los minutos, y el sueño comenzó a cercarlo provocando que su cabeza se inclinara lentamente sobre la mesa hasta caer vencida. Recién a las nueve de la noche su madre entró en la habitación para despertarlo. La cena estaba servida.
Comieron casi sin hablar hasta que el Bocha creyó oportuno hacer la pregunta que tenía preparada.
-Mamá, ¿cómo se llamaba esa clase de sombrero que los hombres usaban antes?
-No se exactamente a que te estás refiriendo. - Contestó Doña Alcira un tanto sorprendida por la rara curiosidad de su hijo.
-Recuerdo haber visto alguna vieja foto de papá llevando algo así.
-Claro. - Reaccionó la madre. - Era un sombrero ridículo que no me gustaba, pero tu padre sostenía que era propio de un caballero. Si, ya sé. Ese modelo de sombrero me parece que se llamaba orión o algo así. Creo que Chamberlain o Eden, que fueron primeros ministros ingleses, usaban uno igual. Pero mirá de qué acabo hablándote... si eso fue hace más de sesenta años. - Divagó. -¿Pero de dónde has sacado tu interés por la moda de otro tiempo?
-Es que hoy vi a un hombre con un sombrero así.
-Parece increíble. Ya ni creo que se fabriquen esas cosas. Debe tratarse de un extranjero o lo habrá comprado en otro país. ¿Querés un poco más de guiso?
-No, gracias. - Dijo el Bocha apresurado por volver a su tema. -Pués él lo llevaba, y te digo que le quedaba muy bien.
-¿Te gustaría comer alguna fruta?
-No mamá. Te ayudo un poco en la cocina y me acuesto. Estoy sobre los libros desde las seis de la mañana y me siento muy cansado.
-Olvidate de la cocina Bocha. Pero no hagas lo mismo con el examen que es pasado mañana.
Entre los dos levantaron la mesa. Después el muchacho besó la mejilla de su madre y puso a andar su proyecto de descanso.
-Hasta mañana mamá.
-Hasta mañana Bocha, que duermas bien.
Y el Bocha durmió bien, y también la noche siguiente, hasta que el nuevo día lo puso frente al desafío del examen.
Se despidió de su madre muy temprano y partió para la Facultad. Allí, los esfuerzos del estudio tuvieron su premio y regresó alrededor casi a las seis de la tarde con la alegría del triunfo, sin que le importara la persistente garúa empeñada en perpetuarse, ni la oscuridad que volvía a caer apresuradamente. Es que se sentía contento porque ahora tenía un un escollo menos y acababa de dar un paso más hacia título que ya estaba a la vuelta de la esquina.
La señora Alcira se sintió muy feliz, pero eso no le impidió preguntar a su hijo si había cerrado con llave la famosa puerta de las rejas. El Bocha se sentía demasiado despreocupado para que aquella infaltable insistencia le perturbara, y admitió que no lo había hecho. Entonces volvió sobre sus pasos y llave en mano se dispuso a cumplir con el doméstico reglamento. Mientras lo hacía, recordó al hombre del día anterior, y como si hubiera respondido a una invocación, la figura apareció sobre la misma vereda, con los mismos pasos, la misma sonrisa comunicativa, el mismo extraño sombrero y el mismo saludo, otra vez alargando el sonido de las letras, como si necesitara adaptarlas a alguna música nueva.
Sin preverla ni pensarla demasiado, el Bocha tuvo una reacción, y cuando la figura acababa de pasar dejó a su reacción en libertad.
-¡Señor!
El hombre se detuvo y giró para mirarlo de frente con la misma expresión natural y abierta que podía tener un viejo amigo. El Bocha insistió.
-Discúlpeme, no quiero parecer incorrecto ni curioso, pero usted no es del barrio, ¿verdad? sin embargo a mí me parece alguien muy conocido.
-Bueno, - respondió el hombre gesticulando con la mano derecha - esa es una verdad a medias, porque yo siento que todos los barrios son un poquito míos, aunque se trate de un arrabal amargo o aunque tenga el alma inquieta de un gorrión sentimental. En cuanto a que te resulte conocido pibe, disculpame que te llame así pero para mí sos un pibe, es más o menos lógico, pero claro, ese es un misterio de tu memoria en el que yo no intervengo. De todas maneras te lo agradezco. Es bueno que aunque no lo identifiquen del todo, los demás se acuerden de uno.
El Bocha tuvo otra reacción instintiva.
-¿No quiere pasar? A mi madre le gustaría mucho hablar con usted. Tal vez ella pueda recordar todas las cosas que a mí me resultan demasiado lejanas.
-¿Tu viejita? Me encantaría pero preferiría dejarlo para otro día, vengo retrasado y tengo que encontrarme con Tito y con tres viejas amigas: Peggy, Betty y Julie, así se llaman. Son tres rubias macanudas y con Tito y con ellas vamos a dedicarnos a evocar el pasado. Parece poca cosa, pero nos resulta una gran ayuda para seguir tirando. Y ahora abur, pero antes decime, ¿cómo te llamás?
-Me dicen Bocha.
-Suena porteño, me gusta. Y ahora sí, hasta la vista.
-Adiós señor.
-Chau Bocha.
El hombre comenzó a alejarse, entonando a media voz un viejo tango que el Bocha no reconoció.
-“Por una cabeza
de un noble potrillo...”
Mientras entraba en su casa al muchacho le pareció que la garúa se había enfriado y que parecía nieve, la misma nieve implacable que según le habían contado utiliza el tiempo para platear las sienes. Ya en el interior encontró sentada en un sillón a su madre, ocupada en su tejido.
-Sabés mamá, pasó de nuevo el hombre del sombrero raro y estuvimos charlando un poco.
-¿Y qué te dijo?
-Muchas cosas que no entendí. Algo de su amigo Tito y de tres chicas rubias de nombre extranjero.
-No sé por qué, pero me hubiera gustado conocerlo.
-Lo invité a pasar, pero estaba apurado. Igual me prometió volver una de estas noches.
La madre se concentró en su tejido y habló para sí misma en voz muy baja.
-”Volvió una noche”.
-No te escuché mamá. ¿Qué dijiste?
-Nada querido, nada.
-Bueno, te dejo con tu trabajo y me voy a ordenar un poco los libros porque dejé la habitación hecha un desastre.
-Andá tranquilo y descansá un poco. Lo tenés merecido.
El Bocha comenzó a subir la escalera tratando de recordar el tango que cantaba el visitante mientras se alejaba, pero como sucede tantas veces, no consiguió hacerlo. Para bien o para mal, los jóvenes no saben demasiado de viejos tangos. Entonces prefirió pensar que un día no demasiado lejano iba a ser arquitecto. Y eso, ya casi le sonaba como otra milonga.

viernes, octubre 06, 2006

Jubilados (Comentario exclusivo para Argentina)

El día 4 del cte. mes, la Cámara de Diputados aprobó una ley que obliga a la ANSES a pagar
en 120 días hábiles todas las sentencias judiciales pendientes que beneficien a los jubilados.
Pero lo más llamativo fue el resultado de la votación, ya que 92 diputados votaron a favor
y 51 en contra. Lo terrible de estas cifras es proyectarlas a porcentajes.


El 35.67% votó en contra.


Para tomar un solo caso, votó en contra, por ej., de un hombre de 81 años que tiene un juicio ganado hace 14 años. No creo que ante tal muestra de sensibilidad haga falta agregar el menor comentario.

(Aclaro que no estoy involucrado en esta situación y que sólo aporto la información por
haber tenido una escasa difusión).

Ricardo Antin (1932 - 2014): la publicidad ya no es una fiesta / advertising is no longer a party

Ricardo Antin   (1932 - 2014) "La publicidad era una fiesta " es una autobiografía inédita de Ricardo Antin , mi querido ...