miércoles, mayo 30, 2007

Sobre Ernesto Rilova

Hace unos días, por intermedio del artículo que publicó Gabriel Dreyfus en Adlatina, me enteré de la muerte de Ernesto Rilova.
Envié un e-mail, tanto a la revista como al autor de la nota, y me pareció oportuno compartir con los lectores del blog el contenido del mismo.

Me interesó sobremanera la nota sobre Ernesto Rilova. Pero por razones comprensibles, faltan algunos datos iniciales. Voy a proporcionarlos porque estuve vinculado a ellos.
Acaso les interese publicarlos porque surgen de mi libro de Memorias llamado "La Publicidad era una Fiesta".
Gracias.

Ricardo Antin
(Entre otras cosas, ex-director creativo de J.Walter Thompson).



En esa época ocurrió algo aparentemente casual pero que seguramente no lo era, porque muchas veces las casualidades son el resultado de la disposición, la voluntad y el entendimiento entre los hombres, y no una obra mágica dispuesta por un dios ignoto. El hecho no me tocó de manera directa ni me deparó ningún beneficio material, pero creo ser de esos tontos que también se maravillan y alegran ante cierto tipo de cosas. Por otra parte, y de eso se trata, siempre halaga nuestro orgullo -o si se prefiere nuestra vanidad- ser el descubridor de un talento.
Estos son los hechos. Un día, tímidamente se acercó a mi oficina un joven que trabajaba en la Contaduría de la agencia. Sencillamente deseaba mi intervención para lograr que lo transfirieran al Departamento Creativo ya que deseaba convertirse en Redactor.
Todavía Thompson conservaba mucho de su viejo estilo y esa clase de pases no eran nada fáciles -ignoro si ahora lo son aunque lo dudo un poco, allí o en cualquier otra parte- y así se lo comenté al interesado. La conversación terminó sin comprometerme en absoluto ya que aunque me hubiese gustado no podía hacerlo. Pero antes que nada, quería saber si los deseos del postulante eran reales o si sencillamente se trataba de un devaneo momentáneo.
Me alegró que a los pocos días volviera al ataque aportando nuevos argumentos que hacían visible su decisión y su entusiasmo, además, me mostró algunos trabajos que había hecho por su cuenta. No me parecieron sobrecogedores, pero debía admitir que se trataba de un principiante sin la menor experiencia. Entonces me recordé a mí mismo, a mi verdadera desesperación por ingresar en la actividad y a mi telegrama de diez años antes. Eso me terminó de decidir y le prometí hacer cuanto estuviera a mi alcance para conseguir su transferencia. No fue nada fácil. Por eso primero debí conseguir la aprobación del Tesorero de la agencia -responsable máximo de su área -llevó varias charlas- y posteriormente la de Jack Webster como Gerente General. Esta última me costó menos de lo esperado porque Jack había comenzado en la agencia como empleado administrativo. Posiblemente le halagó que en cierto sentido su propia historia se repitiera y que yo encontrara méritos creativos en alguien de su mismo origen.
Como siempre ocurre comenzaron a correr los días, y el novato Redactor casi presa de un verdadero frenesí, comenzó a insistir para que se le concedieran tareas de mayor mérito. Hasta entonces sólo había intervenido en una campaña para la filial Thompson de Uruguay y en otra serie de cosas menores. Comprendí sus anhelos pero de momento no podía hacer demasiado y le aconsejé tener paciencia y esperar un poco. Seguramente tuvo el buen tino de no hacerme caso y transcurridas algunas semanas me anunció que se iba a trabajar a De Luca.
Más que sorprenderme la novedad me complació enormemente. Entonces me ocupé de desearle la mejor de las suertes, y sólo lo vi en dos o tres ocasiones en forma circunstancial cuando ya llevaba una densa barba.
Pasaron muchos años, aproximadamente veinte, y me alegró reencontrar a Ernesto Rilova -ese era y es su nombre y apellido- en las coquetas oficinas de su propia agencia durante un viaje a Madrid en 1991, convertido según la opinión de los entendidos locales en uno de los tres creativos más importantes de España, país al que se había dirigido en 1976 creo que en compañía de Marcelo Montes, el que después sería Presidente de Saatchi y Saatchi en la península, y quién tuvo la gentileza de recibirme en su despacho durante ese mismo viaje. (Conviene aclarar que en esa ocasión hablamos bastante de mi hija Estela, que por entonces era redactora en esa misma agencia.)
Sin otro mérito que el de lo hecho, me cabe el orgullo de haberle abierto a Don Rilova la primera puerta que enfrentó su sana ambición. Afortunadamente, él tuvo la capacidad para abrirse todas las siguientes. Espero y deseo que sus éxitos continúen y perduren en el tiempo. Su inteligencia se lo merece.

Agregado de último momento después de leer la nota de Adlatina.

La muerte de Rilova no me cayó nada bien, algo que es común a casi todas las muertes. En este caso agregaré que por su talento y su carrera, la vida debería haberle concedido un poco más de tiempo.
Chau Rilova, y donde quiera estés, espero hagas la misma carrera que sobre este mundo.

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